
Acapulco, 1988
Originaria de Tuncingo, posee un cabello largo, negro y cristalizado. Se divide entre el pensamiento académico y el creativo. No pelea con ninguno, los tiene muy bien acomodados en el mismo estante. Suele tener largas conversaciones sobre arte, teoría, cuerpo y la miel que producen sus colmenas.
Muestra de obra
Cartografía del viaje
Tengo una certeza: la redondez del viaje es efímera, llegaré en algún punto a la periferia. Lo que fue del camino, pasará al olvido. Arrastrará sus huellas hacia la geografía de lo oscuro. Esa pequeña esfera repleta de arenilla que simula embarcaciones en naufragio.
Cuando decidí partir, lo bífido de andar con la lengua y en desastre me vino encima como pájaro que picotea hasta el cansancio. Presentí lo sísifo, ¿hacia dónde ir cuando la pesadez de la roca es sólo el mordisqueo de nuestros dientes? En el desierto intuí la demencia de girar contra un designio: “uno existe solo”, me repetía. Sin embargo, me encontraba en sequía, lengua sin palabra que desbaratara la nulidad del mundo o enunciara algo salvífico.
Lo árido consumía péndulo al vocabulario:
de barro a soles
de hombre a nada.
En el páramo supe de mi resquebrajo,
fui mujer ante la doble maldición de la memoria:
el sur y la infancia de esférico declive.

II
Si todos vamos a morir, qué será de los que deciden cuándo. Si todas vamos a morir, qué será de los que deciden por nosotras cuándo.
Si acudimos a la muerte con
la boca entumecida y sus
finas líneas cárdenas.
A nosotras nos preparan para traicionar al cuerpo.
Dicen que oscurezco
ellos, los de antes,
dicen que enfermo
oscura
crezco anochecida
en la transparente nota
vaivén de agua
Dicen que habito fondo,
primera agua
Ellos piensan mi cuerpo
pero oscura
paisaje en ellos
el camino hacia el bosque.
No llego a ser noche
pero no llego a ser noche:
anido escarlata
en la voz:
invertebrado canto
que en el sufrimiento asiste.
sitio de viejos gusanos
acicalada la garganta.
como una transparencia,
me encontré
cetro reinando
dicen que soy sombra.

Visita familiar
Escribo porque conozco mis visiones pero no sé de mi infancia. Sé que tu pensamiento iluminado me dibuja hasta ceñirme entre las sombras. Estás tan cerca, habitas el arco de mi cráneo. Cada memoria tuya es sólo la tumba que pulveriza mis ojos. ¿Recuerdas, hermana? Ciega, cuando niña jugabas a atrapar peces entre tus dedos. Nunca estuviste sola, y yo nunca acabé de nacer del todo. Hoy te visito para conocerme, saber de la tesitura y el volumen del pasado. Nadie más puede encontrarme porque mi soledad es una noche sola. Abre la puerta, salgamos a buscar el claro en esta tierra. Es tiempo de vivir toda la furia del mundo: ellos arrojaron mi cuerpo en el océano. Abre la puerta, hermana, no temo ahogarme. Hoy me sucede un monstruo constelado en las heridas. El abuelo no está aquí pero de mí come. Nuestro amado nos heredó esta tierra; no la soñamos, estamos aquí, moramos unidas deseando hallar su halo luminoso. Busquemos el lugar más cómodo, su rincón más amable, un espacio menos frío:
Este rostro de Magritte,
negro sobre fondo negro de Rothko
un dibujo sostenido de Picasso
un círculo apenas de Cézzane,
tres estudios de un paisaje
de tan hecho soledad
entre Turner y Matisse.
Olvidemos que siempre hay alguien antes de nosotras: nuestra niñez no tiene dueño, si vamos a ella no acabamos de poseerla nunca. Abre la puerta, es nuestro día de confesión: no del amor sino de todo lo que esconde amor en nuestros ojos. Abre la puerta, mira en mi ojo dentro para evitar que mi cuerpo —lo que se oculta dentro de mi cuerpo— me arroje al mundo como un animal herido.
Es cierto, los niños mienten
pero aquí dejo mis visiones:
Toda infancia es terrible
(y nuestro amor está aquí
para salvarlo todo).
